La hipertensión arterial es un problema de salud pública, afecta a alrededor del 45% de la población y este porcentaje está en continuo aumento.

Solo aproximadamente la mitad de los hipertensos saben que tienen la enfermedad, y de estos solo 1 de cada 5 tiene la presión arterial correctamente controlada.

La hipertensión arterial sin causa conocida, es decir, la HTA esencial (también llamada primaria o idiopática) representa aproximadamente el 90–95% del total de casos de hipertensión arterial.

El resto del 5–10% son formas de hipertensión secundaria, es decir, determinadas por una causa identificable (por ejemplo: enfermedades renales, endocrinas, coartación de aorta, medicamentos, apnea del sueño, etc.).

La hipertensión arterial (HTA) se diagnostica en exceso con frecuencia (es decir, se diagnostica HTA a personas que en realidad no tienen la enfermedad), principalmente debido a errores de medición y al contexto inadecuado en el que se toma la presión.

Principales situaciones que conducen al sobrediagnóstico

  1. Hipertensión de bata blanca (el paciente se emociona en presencia del médico):
    - afecta entre el 15% y el 25% de los etiquetados como hipertensos.
    - la presión está elevada solo en el consultorio, pero normal en casa o en el monitoreo de 24 horas.
  2. Mediciones incorrectas
    – si el paciente no está en reposo, si el manguito es demasiado pequeño o si se mide solo en un brazo, pueden aparecer diferencias de 10–20 mmHg.
    – en algunos estudios, más del 40% de las mediciones realizadas en el consultorio no cumplen con los estándares.
  3. Hipertensión de pseudo-resistencia
    – pacientes tratados por HTA aparentemente “resistente”, pero los valores altos se deben a errores de medición, falta de adherencia al tratamiento o “efecto bata blanca”.
    – puede representar hasta el 30% de los casos etiquetados como HTA resistente.

Además del tratamiento prescrito por el médico, aquí hay dos medidas que pueden ayudar:

  1. pérdida de peso. Es una medida esencial y seguramente también la recomienda el médico. El problema es que es difícil de implementar. Por eso, yo recomiendo el ayuno intermitente, porque me parece el método más cómodo para adelgazar.

    La pérdida de peso es una de las medidas no farmacológicas más efectivas para reducir la presión arterial, a veces con un efecto comparable al de un medicamento antihipertensivo.

    Los datos de metaanálisis muestran una relación casi lineal: por cada kilogramo perdido, la presión arterial sistólica disminuye en promedio 1 mmHg
    (y la diastólica en ~0,5 mmHg).

    Por ejemplo, una persona que pierde 10 kg puede tener una reducción de 10/5 mmHg sin otra intervención.

    Para detalles sobre el ayuno intermitente, vea el libro "Adelgaza sin contar calorías".
  2. administración de extracto de hojas de olivo, 70 ml/día. El extracto de hojas de olivo contiene sustancias que reducen la presión arterial. En caso de que se administren medicamentos antihipertensivos, es necesaria una monitorización cuidadosa de la presión arterial para evitar que baje demasiado.